Vislumbro la luz ahí a lo lejos...

Ayer por la tarde creo que empecé a reconciliarme conmigo misma y con la maternidad.

Mi día empezó muy temprano pues tuve que ir a ejercer de canguro y tras una pequeña batalla campal aún ni se cómo, logré darle la vuelta a la situación, encauzarla y salir más o menos airosa, eso si, con los nervios a mil o más. Luego tuve una visita con mi médico de cabecera pues quiere hacerme seguimiento tras recetarme pastillas para poder dormir: si una de las peores cosas de todo lo que sufro es que no podía apenas dormir y lo poco, era de mala calidad; así es que el primer paso fue tomarlas y conseguir dormir como una persona medio decentemente, desconectando mi cabeza y recuperándome para encarar el siguiente día. Los beneficios han sido muchos ya que al desconectar mi cerebro de las obligaciones propias e impuestas, arrancas con empuje y no al ralentí. No me gusta nada haber de tomarlas porque en cuanto lees los prospectos te entra un canguelo enorme, pero como me han dicho ya que he pedido ayuda, que me deje llevar por los profesionales y que este tratamiento o si se viera pertinente otro, son pasajeros para ayudarme a recuperarme, nada más. Así que aquí una mamá que necesita pastillas para dormir.

El mediodía y la tarde fueron de varias batallas con mi hijo, es con quien he emprendido las guerras más duras y quien ha logrado ver mi cara más horrible ( muchas horas juntos, ser un niño que no te hace caso ni escucha pueden poner a cualquiera nervioso, pero a mi me han llegado a convertirme en el monstruo que dije que nunca seria) solo con él y de verdad que deseo no haber dejado ninguna marca en su alma porque no me lo perdonaría jamás y de verdad le quiero pero mis estallidos han sido con quien tenía a mi lado y ese era mi pequeño... Con esos tiras y aflojas vamos llevando la tarde hasta la hora de que arreglo a su hermana y la acuesto, que son sobre las 8-9 de la noche y fue ayer en ese rato, donde me pasó algo precioso. El nacimiento de mi hija y su crecimiento han supuesto para mi que se removieran todos los cimientos que yo pensaba que eran más o menos firmes de mi vida, poniéndola del revés y haciéndome ver que no puedo seguir adelante si no me ayudan a redirigir mi vida. Pienso que ella ha nacido para ayudarme a cerrar capítulos terribles para poder disfrutar de mi vida como madre de ambos, pues tengo dos hijos pero ella ha sido como el detonante.

Tras cambiarla y ponerle su pijama tras un rato de lloros de cansancio mezclados con hambre, mientras yo planchaba a mil por hora para dejarlo hecho, le preparé su último biberón antes de ponerla en su cunita para que duerma ya hasta la mañana siguiente. Como siempre nos fuimos a mi habitación donde en la cama me pongo sentada como un indio para darle su querida leche. Empezó con ansia como siempre bebiendo hasta calmarse y hacerlo más relajada, siempre le miró los ojos para así sentirme más cerca pero es que ayer me miró de una manera tan dulce, tierna y llena de amor que empecé a llorar en silencio sin dejar de mirarla. Conseguí verme a través de sus ojos y vi que no era el monstruo en el que pienso que me he transformado, era su madre esa imagen primera que vió nada más nacer y a la que necesita como el aire que respira. Fue una conexión tan especial, estremecedora y liberadora porque me hizo sentir aligerada de una gran carga, me tocó el alma literalmente y sentí un gran y maravilloso AMOR. He de contaros que a las horas de nacer ella ya sentí una unión especial, un apego que no me había pasado con nuestro hijo y me hizo sentir un gran sentimiento de amor hacía mi hija, le dije un te quiero tan sincero que me estremecí.

A los hijos los quieres y proteges sobre quien haga falta si es necesario (sobre una misma la mayoría de las veces, siempre les antepones ante tu yo) , pero igual que cuando supe que iba a ser una niña me costó mucho asimilarlo, siento que con ella siempre habrá un vinculo especial. Gracias por dejarme ver a través de tus ojos pequeña...

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